Planetas: las Estrellas Errantes y su Nombre según Culturas
Por qué los planetas se llamaron durante milenios "estrellas errantes": origen babilonio y egipcio del concepto, su bautismo griego, la capa de dioses romanos que perdura hoy en sus nombres, y cómo otras civilizaciones —de China a la India— resolvieron el mismo problema de un modo completamente distinto.Un recorrido por cómo cinco puntos de luz que no se quedaban quietos en el cielo acabaron llamándose Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, y por qué no todas las culturas eligieron el mismo camino.
Estrellas que no se quedaban quietas
Antes de ser "planetas" en el sentido moderno, estos astros fueron, durante milenios, un tipo especial de estrella: una que no se quedaba quieta. A simple vista, entre miles de puntos fijos, había cinco que cambiaban de posición noche tras noche, y esa anomalía fue lo primero que les dio identidad propia, mucho antes de entender qué eran realmente.
Babilonia y Egipto: los primeros en detectar el movimiento
Mucho antes que los griegos, tanto en Mesopotamia como en Egipto ya se habían identificado los cinco planetas visibles a simple vista: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Fueron los observadores babilónicos, con siglos de registros astronómicos acumulados y un seguimiento ya casi matemático de sus posiciones, quienes primero documentaron de forma sistemática que estos cinco puntos de luz se desplazaban entre las estrellas fijas, en lugar de mantener su posición como el resto del cielo. En Egipto la tradición fue distinta: desde el Imperio Medio (hacia el 2000 a.C.) los cinco planetas ya aparecen representados como divinidades navegando el cielo en barcas, con un enfoque más simbólico-religioso que predictivo — los tres planetas exteriores se asociaban con Horus (a Marte se le llamaba "Horus el Rojo", por su color), Venus con Osiris y Mercurio con Set.
Grecia: de "estrella errante" a nombre propio
Fueron los griegos quienes pusieron nombre al fenómeno: llamaron a estos astros
astéres planētai, "estrellas errantes", de donde deriva nuestra palabra "planeta" (
planētēs), que significa literalmente "errante" o "vagabundo". Platón, en el
Timeo (siglo IV a.C.), ya se refiere a "el Sol, la Luna y las otras cinco estrellas que son llamadas planetas", reconociendo hasta siete cuerpos con movimiento propio.
Dos capas griegas, y cuál heredó Roma
Los griegos manejaban dos sistemas de nombres en paralelo, no uno detrás del otro. Por un lado, asociaban cada astro errante con un dios de su panteón: Mercurio era Hermes, Venus era Afrodita, Marte era Ares, Júpiter era Zeus y Saturno era Cronos. Por otro lado, también usaban una segunda serie de apodos puramente descriptivos —atestiguados ya en Aristóteles en el siglo IV a.C. y en uso continuado durante todo el período helenístico— que describían el aspecto de cada astro sin conexión con esos dioses: Estilbón ("el que brilla") para Mercurio, Piroente ("el ígneo") para Marte, Fósforo o Héspero ("portador de luz" / "el vespertino") para Venus, Faetón ("el resplandeciente") para Júpiter y Fenón ("el brillante") para Saturno.
¿Son la misma mitología?
No exactamente: Roma ya tenía sus propios dioses antes de conocer a Grecia, con nombres y cultos propios (Iuppiter, Mars, Saturnus...). El caso más claro es Júpiter: cuando Roma entró en contacto con la cultura griega, identificó a su propio dios supremo del cielo y el trueno con Zeus, el rey del Olimpo griego, fusionando ambas figuras en una sola divinidad bajo dos nombres distintos. Este proceso se conoce como
interpretatio romana: no fue una traducción literal de nombres, sino la identificación de cada dios griego con el dios romano preexistente que cubría una función equivalente. Por eso Zeus y Júpiter, o Hermes y Mercurio, no son literalmente "el mismo dios con otro nombre": son dos tradiciones religiosas distintas que, al superponerse, terminaron fusionadas en una única identidad divina, aunque con matices propios en cada cultura.
Esta fusión no fue total ni automática. Roma conservó divinidades puramente propias, sin equivalente griego directo, como Jano (dios de los inicios y los umbrales) o Quirino (divinidad del estado romano, parte de la tríada arcaica junto a Júpiter y Marte). Vesta, en cambio, sí tiene una correspondencia griega muy directa y ampliamente documentada: Hestia, también virgen guardiana del fuego del hogar. Es un buen recordatorio de que la interpretatio romana no siempre implica una divinidad puramente romana sin más: en casos como Júpiter/Zeus o Vesta/Hestia la equivalencia es casi total, mientras que en otros, como Jano o Quirino, simplemente no existió nunca un par griego.
Cuando Roma adoptó la astronomía griega, no tradujo los apodos descriptivos: tradujo la capa mitológica, sustituyendo cada dios griego por su equivalente romano ya existente. Como Roma ya tenía un dios propio equivalente a Hermes —Mercurius, ligado al comercio (de
merx, "mercancía")—, ese fue el nombre que quedó fijado en el planeta. Estilbón, al no tener una identidad divina propia detrás, simplemente cayó en desuso.
Un eco que llegó hasta los días de la semana
Esta correspondencia mitológica no se quedó solo en el cielo: también dio nombre a los días de la semana, aunque en español el patrón se rompe justo al final. Lunes viene del latín
dies Lunae (día de la Luna), martes de
dies Martis, miércoles de
dies Mercurii, jueves de
dies Iovis (Júpiter) y viernes de
dies Veneris — los cinco conservan intacto el esquema planetario romano. Sábado, en cambio, no viene de Saturno pese a las apariencias: en latín el séptimo día era
dies Saturni, pero ese nombre fue sustituido en la práctica cristiana tardía por
sabbatum, tomado del griego
sábbaton y este del hebreo
shabbat ("descanso"). Domingo corrió la misma suerte:
dies Solis (día del Sol) cedió su lugar a
dies dominicus ("día del Señor"). El inglés conservó en cambio la capa pagana original en ambos casos —Saturday y Sunday—, así que a un angloparlante "Saturn's day" y "Sun's day" no le suenan a nada especial, mientras que a nosotros "sábado" y "domingo" ya no nos recuerdan en absoluto a Saturno ni al Sol.
¿Y fuera de la tradición grecorromana? China y la India
La cadena Babilonia–Egipto–Grecia–Roma que hemos seguido hasta aquí no es la única manera en que una civilización resolvió el problema de nombrar cinco puntos de luz que no se comportaban como el resto del cielo. Conviene mirar, aunque sea brevemente, dos tradiciones que llegaron a soluciones muy distintas.
En China, los planetas no llevan nombre de dioses, sino de los cinco elementos (
wu xing, 五行) de la filosofía tradicional china: Mercurio es 水星 (
Shuǐxīng, "estrella de agua"), Venus es 金星 (
Jīnxīng, "estrella de metal"), Marte es 火星 (
Huǒxīng, "estrella de fuego"), Júpiter es 木星 (
Mùxīng, "estrella de madera") y Saturno es 土星 (
Tǔxīng, "estrella de tierra"). Es un sistema de asociación completamente distinto al grecorromano: no hay mitología de fondo, sino una cosmología de fases que se generan y se destruyen entre sí, en la que cada planeta representa una de ellas.
En la India, la astrología védica (
jyotisha) sí recurre a divinidades, con nombres en sánscrito que hoy siguen usándose en el habla cotidiana: Budha (Mercurio), Shukra (Venus), Mangala (Marte), Brihaspati o Guru (Júpiter) y Shani (Saturno), junto al Sol (Surya) y la Luna (Chandra). Aquí el paralelismo con Roma llega incluso a los días de la semana: miércoles es
Budhvar, viernes es
Shukravar, martes es
Mangalvar, jueves es
Guruvar y sábado es
Shanivar — la misma lógica de "un astro para cada día" que en latín. Pero no es una invención totalmente aislada: hay constancia de contacto entre la astrología helenística y la india hacia los primeros siglos de nuestra era, así que es más exacto hablar de un sistema propio indio construido en parte sobre una base compartida con el mundo mediterráneo, no de una coincidencia independiente.
Cuando Urano rompió la tradición
El séptimo planeta, descubierto por William Herschel en 1781, fue el primero en no seguir la tradición romana, aunque no fue por decisión consciente de nadie: fue más bien un despiste. Herschel quiso llamarlo "Georgium Sidus" (el Astro de Jorge), en honor a su patrocinador, el rey Jorge III de Inglaterra — una propuesta que gustó poco fuera de Gran Bretaña, donde otros
astrónomos preferían mantener la coherencia mitológica del resto de planetas. Fue el astrónomo alemán Johann Bode quien, en 1782, propuso "Urano", con una lógica elegante: igual que Saturno es padre de Júpiter, el nuevo planeta —más allá de Saturno— merecía el nombre del padre de Saturno, es decir, del dios griego del cielo. El problema es que Bode, al parecer, no cayó en que el equivalente romano de Urano ya existía y se llamaba Celo (Caelus) —una divinidad menor, sin apenas culto ni templos propios en Roma— y usó directamente la forma latinizada del nombre griego. El nombre tardó en imponerse: no fue hasta 1850 cuando la última resistencia, la propia oficina británica del Almanaque Náutico, abandonó "Georgium Sidus" en favor de "Urano". Neptuno, descubierto en 1846, sí recuperó un nombre romano (dios del mar), completando así una mezcla de tradiciones que hoy convive sin conflicto en la nomenclatura del sistema solar.
El Sol y la Luna: los otros dos astros de Platón
Cuando Platón hablaba de "el Sol, la Luna y las cinco estrellas errantes", incluía dos astros que los griegos nunca consideraron técnicamente "planetas errantes" pero que comparten con ellos la misma capa de nombres divinos. "Sol" viene del latín, heredero de la raíz indoeuropea
sáwel; los griegos lo llamaron Helios, los egipcios lo asociaron a Ra, y Roma tardía lo veneró como Sol Invictus. Sobre los eclipses, muchas culturas antiguas los interpretaron como fenómenos temibles hasta que Tales de Mileto predijo uno, tradicionalmente fechado en el año 585 a.C., marcando el paso de la superstición a la observación sistemática.
"Luna" proviene del latín
lūna, contracción de una forma arcaica
loucsnā ligada a la raíz
lūc- ("luz"), es decir, "la luminosa". El griego eligió otro camino:
selḗnē deriva de
sélas ("fulgor"), y otras tradiciones usaron nombres propios como Diana o Ix Chel en la mitología maya. Para el seguimiento y observación de nuestro satélite, consulta el hub del foro:
Guía para Observar la Luna con Telescopio. Fase Lunar hoy /2026/Tabla resumen: dios griego, apodo "errante" y nombre romano
| Planeta actual | Dios griego asociado | Apodo griego "errante" | Significado del apodo | Nombre romano (dios equivalente) |
| Mercurio | Hermes | Estilbón | "el que brilla" | Mercurius |
| Venus | Afrodita | Fósforo / Héspero | "portador de luz" / "el vespertino" | Venus |
| Marte | Ares | Piroente | "el ígneo" | Mars |
| Júpiter | Zeus | Faetón | "el resplandeciente" | Jupiter |
| Saturno | Cronos | Fenón | "el brillante" | Saturnus |
| Urano | Urano (dios del cielo) | — | (sin apodo griego de "errante"; descubierto en 1781) | Celo / Caelus — el equivalente romano correcto, pero no se usó: el planeta conservó "Urano", la forma latinizada del nombre griego |
| Neptuno | Poseidón | — | (sin apodo griego de "errante"; descubierto en 1846) | Neptunus (dios romano del mar) |
concluyendo
Los planetas fueron, durante casi toda la historia humana, simplemente "estrellas errantes": babilonios y egipcios los identificaron primero, con enfoques muy distintos —uno matemático, otro simbólico—, los griegos les dieron nombre y doble identidad (mito y apodo), y Roma se quedó con la capa mitológica que hoy seguimos usando, incluso en los días de la semana, aunque sábado y domingo se le escaparon a la Iglesia primitiva. Solo Urano rompió esa cadena en 1781, y por eso es el único planeta con nombre puramente griego en lugar de romano. Y si salimos del área mediterránea, ni siquiera la premisa de "nombrar los planetas según dioses" es universal: China prefirió los cinco elementos de su propia cosmología.
FAQ's
- ¿Por qué los planetas se llamaban "estrellas errantes"?
Porque a simple vista se comportaban como estrellas, pero cambiaban de posición entre las estrellas fijas noche tras noche, algo que los griegos describieron con la palabra planētēs, "errante".
- ¿Por qué los planetas tienen nombres de dioses romanos y no griegos?
Porque cuando Roma adoptó la astronomía griega, tradujo la asociación de cada planeta con un dios de su propio panteón (Hermes pasó a ser Mercurius, Zeus pasó a ser Jupiter), no los apodos puramente descriptivos que también usaban los griegos.
- ¿Por qué Urano no tiene nombre romano como los demás planetas?
Porque cuando el astrónomo Johann Bode propuso el nombre en 1782, aparentemente no reparó en que ya existía un equivalente romano —Celo (Caelus)— y usó directamente la forma latinizada del nombre griego, Urano.
- ¿Todas las culturas nombraron los planetas según dioses?
No. Roma, Grecia y la India asociaron cada planeta con una divinidad, pero China optó por un sistema completamente distinto basado en los cinco elementos de su filosofía tradicional (agua, metal, fuego, madera y tierra), sin ninguna base mitológica detrás.
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El nombre de Plutón lo propuso en 1930 Venetia Burney, una niña británica de 11 años, en honor al dios romano del inframundo, y curiosamente sus dos primeras letras ("Pl") coinciden con las iniciales de Percival Lowell, el astrónomo que predijo su existencia.
El término "asteroide" (del griego, "con forma de estrella") fue propuesto por William Herschel tras el descubrimiento de Ceres en 1801, bautizado por Giuseppe Piazzi con el nombre de la diosa romana de las cosechas.