El ocular que uso habitualmente para grandes campos en mis dos telescopios es un Swan de 33 mm. y 2” de William Optics. Es un diseño Erfle de 5 elementos y 72º de campo aparente, considerado como “buen ocular” sin llegar a entrar en la élite de los oculares de alta gama, pero que en mis dos teles de focal larga rinde de maravilla.
Pensando en que a corto-medio plazo dispondré de un Newton de 14” o 16” que suelen estar fabricados en relaciones focales de 4,5 me di cuenta de que el Swan presentaría los típicos problemas de aberraciones ópticas que quedan atenuadas en las relaciones focales largas. Pensando en una alternativa válida, centré la atención en la que es, para mí, la mejor marca del mercado, TeleVue y más concretamente sobre su modelo Nagler de 31mm. tipo 5. A pesar de ser un ocular muy conocido que no necesita presentación, no hay mucha información disponible en la red sobre la “granada de tío Al” y es que su forma, tamaño y peso bien merecen ese apelativo.
Un defecto importante que tiene TeleVue es que su precio es prohibitivo para la mayoría de los aficionados. Si quieres hacerte con una buena colección de focales de cualquiera de sus series, en muchos casos te va a costar más que el propio telescopio. Sin embargo, con paciencia puede llegar una buena oportunidad. Hace unos meses tuve la gran suerte de adquirir un 31 mm. en un estado impecable, comprado a un usuario de este foro y a un precio que yo considero asumible y que es el que tendría que tener de venta al público como nuevo.
Y aunque esta toma de contacto no pretende ser un “cara a cara” entre el Swan 33 y el Nagler 31 o entre David y Goliat, (lo suyo sería hacerlo con el Explore Scientific de 30 mm., su más directo rival), sí que quiero dejar constancia de las impresiones que tuve el 17 de Agosto en una noche excepcional en la meseta castellana, donde probé los dos oculares con los típicos objetos Messier de verano. Seguidamente detallo como la historia no transcurrió por los mismos senderos que la narración bíblica.
Con la Vía Láctea en todo su esplendor, dirigí el Schmidt-Cassegrain de 10” a M8 con el Swan de 33 mm.: ¡Qué bonita imagen de La Laguna! Con su uniforme cúmulo abierto y la nube de gas recorriendo todo el conjunto y el entrante de la laguna bien remarcado. Después de unos minutos de contemplación, cambié el ocular por el Nagler 31 reequilibrando el tubo en la montura, cosa que no supuso ningún problema. Una vez equilibrado miré la nebulosa y… “ostras” (en realidad dije otro exabrupto). La diferencia era muy palpable.
La nebulosa esa netamente más brillante, más extensa y además la “laguna” estaba mejor contrastada. Después de saborear el momento, regresé inmediatamente al Swan para corroborar mis impresiones. Efectivamente, cambiar al Swan era como diafragmar el telescopio y pasar al Nagler era como tener el beneficio de un par más de pulgadas de diámetro en el telescopio. ¡Verlo para creerlo!

Con el Swan puesto, me dirigí a la cercana Trífida, la imagen vista por mí decenas de veces anteriormente: los tres lóbulos visibles con su nebulosidad alrededor. Impaciente, puse el Nagler y todo se convirtió en más evidente. Los entrantes más contrastados y el gas más luminoso y extenso.
Con una cara de satisfacción que supongo podréis imaginar,

visité M27. Primero puse el Swan y la conocida imagen que tantas veces he visto; esa forma etérea y fantasmal de la nebulosa se hizo evidente. Y por tercera vez el Nagler barrió al Swan con una imagen más brillante y más extensa de la nebulosa. Un M27 nunca visto así en mi 10”.
Observando la Luna, ya con el Swan se detecta una ligera esfericidad en la luna y con el Nagler se aprecia más plana, aunque sólo en el borde del ocular es visible un ligero cromatismo.
En cuanto a aberraciones ópticas, con mi telescopio a f/10 en el Swan es visible algo de astigmatismo en la parte exterior, así como algo de curvatura de campo. En el Nagler no aprecié nada, salvo el ligero cromatismo en el borde, al observar la luna. Sin embargo, un pero respecto del Nagler es que tiene distorsión de cojín, que para observación terrestre puede ser un problema en focales cortas, ya que produce una curvatura de las líneas rectas hacia el interior del eje óptico.
Conclusiones: Queda patente que la transmisión de luz en el Nagler es bestial y que a pesar de tener 6 elementos frente a los 5 del Swan, este último ofrece unas vistas más apagadas. Luego es falso aquello de que los oculares de menor número de lentes son mejores porque absorben menos luz que los que tienen más elementos. Por lo que he podido comprobar, un ocular como el Nagler, puede marcar la diferencia en la detección de galaxias extremas, donde ese plus en la transmisión de luz es de vital importancia.