A las cuatro de la madrugada de una noche de 1994 se produjo un pequeño terremoto en el área de Los Ángeles (USA) y la gente salió despavorida a la calle huyendo de posibles derrumbes de sus casas.
El temblor hizo saltar los “fusibles” de una central transformadora de electricidad, lo que provocó una reacción en cadena y se fueron apagando todas las centrales hasta dejar a oscuras un gran área geográfica en esta zona californiana.
Durante unos días las llamadas a los bomberos, policía, servicio de urgencias, incluso al Pentágono se sucedieron porque según centenares de aterrorizados ciudadanos las estrellas se habían puesto a brillar con tal intensidad que parecía que estuvieran a punto de estallar y una banda lechosa nunca vista antes atravesaba el cielo.
Como conclusión hay que decir que en esa ocasión no se produjeron pillajes y que, a falta de electricidad para la televisión y ordenadores, etc., muchos que redescubrieron el cielo se reunieron en las calles mirando hacia arriba y cantando alrededor de las hogueras. Bastantes afirmaron ante los medios que durante aquellas noches volvieron a ser felices. La realidad es que nueve meses después se produjo un baby boom y a esos se les llama los niños del apagón, aunque más apropiado hubiera sido llamarles los niños de las estrellas.
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