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Crónica de viaje a Atacama - marzo de 2026 -

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53  Madrid 
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« : Dom, 24 May 2026, 14:52 UTC »

Viajar primero te deja sin palabras
 y luego te convierte en un narrador

El objetivo de esta crónica, a pesar de que está escrita para terceras personas, no es que sea leída por grandes masas o ser diseminada en redes sociales. En realidad, espero no más de un diez de lecturas, en las cuales, muchas de las partes se harán en diagonal. Este es un documento que hago principalmente para mí. El ejercicio de redactarlo, en sí mismo, me hace profundizar más en todo lo que este viaje ha significado. La memoria, de la que siempre pude alardear, cada vez rinde menos y espero que lo que aquí escribo me ayude a perpetuar este recuerdo junto con todas las fotos que hemos realizado.
Llevábamos ya tiempo rumiando una aventura como ésta. La inagotable energía de Cris para salir de casa, viajar y vivir experiencias, unido a mi fascinación por el cielo del hemisferio sur, hacía inevitable que preparásemos un viaje al otro lado del ecuador. Ya desde el 27 de enero de 2024 en FITUR, el día que conocí a Juan y Felipe, empezamos a maquinar que Chile sería un candidato más que probable. Aquel día preguntamos por diversos destinos, Atacama, Iguazú, Torres del Paine y Perito Moreno. Cris tiene los días de vacaciones bastante contados y asignados, así que esto no lo podíamos planificar de un día para otro.
Pensar en mirar vuelos, hoteles, ajustar visitas y coordinar vacaciones causa una pereza descomunal. Si bien es cierto que una vez te metes en esa vorágine es algo que gusta, e incluso puede ser adictivo. El 7 de enero de 2025, Juan y Felipe, que ya estaban viviendo en Buenos Aires y habían vuelto a Madrid por Navidad, venían a cenar a casa. Nos recordaban que teníamos un viaje pendiente y que ellos se apuntarían a venir a Atacama. Aquel día, Mario miró en Stellarium en que época se ve la gran nube de Magallanes pero la cosa no pasó de ahí.
En abril de 2025 leí la crónica de Nacho en el grupo de Google de “Astronomía Visual”. Contaba su experiencia en San Pedro de Atacama y Spaceobs y que la mejor fecha para ver el cielo en Chile es marzo. Hacía referencia a viajes anteriores de Angel Huelmo. Se lo pasé a Cris y aparte de ponérsenos los dientes largos, nos volvimos a olvidar del tema.
El jueves 31 de julio de 2025 tomando algo en la terraza de Valentín, al lado de casa, Cris y yo decidimos ir a por todas. Estábamos a punto de iniciar un viaje por el Mediterráneo en un velero, algo que no habíamos hecho en nuestra vida. En aquel momento se nos debió de subir la adrenalina al cerebro y certificamos el viaje al otro lado del Atlántico.
Lo primero que hice fue contactar con Spaceobs, por aquellas fechas me contestó con mucha rapidez un tal Alain Maury. No daba crédito, me mandaba correos sobre logística y horarios el mismísimo Willian Herschel del siglo XXI. Le conté mi rollo, lo que me interesa la astronomía visual y que quería observar en el telescopio de 115 cm en la luna nueva de marzo. Él me dio información y precios y di por hecho que no había ningún problema de disponibilidad.
Ya de vuelta de las vacaciones a finales de agosto empezamos más en serio a diseñar el viaje alrededor de la luna nueva, el 18 de marzo de 2026, fechas específicas, destinos precisos y propuestas concretas, haciendo la simulación de los vuelos en agencias de viajes web para saber los precios exactos. Después de recibir algunas opiniones de amigos y conocidos, en concreto de Vicky que acababa de hacer un viaje similar, el pasado 5 de septiembre de 2025 compramos los vuelos transatlánticos. La ida a Santiago de Chile y la vuelta desde Iguazú. Ya no había marcha atrás.
Para mi sorpresa, una vez con las fechas concretas (aunque todavía podíamos mover una noche o dos al no haber comprado los vuelos internos) volví a Alain y sólo me había dejado una fecha libre, el 17 de marzo. Si el 17 había nubes, teníamos la opción de unirnos al tour de grupo los días colindantes en francés/inglés. Yo le había comentado el tema del tour privado que le había leído a Nacho, pero él me dijo que tenía otra opción, todavía más cara, y es una modalidad en la que, el que paga, puede decidir en tres sesiones de dos horas cada una a lo largo de la noche los objetos que quiere visitar.
El tour que nos ofrecía venía en su web, pero no lo había leído con atención, se llama “Bucket list tour” y requiere de la obligación de dormir en el lodge esa noche. El precio no lo tiene publicado por lo que, aunque no creo que sea secreto, no lo voy a desvelar. Digamos que está contenido en lo que Alain Maury pone que cuesta un ocular de gama alta. En cuanto a lo de pagar una fortuna por una única noche de observación últimamente recurro siempre a la frase de Israel Pérez de Tudela en uno de sus vídeos “Con los sueños no se negocia”. Tardamos en decirle que sí lo que duran dos peces de hielo en whisky on the rocks.
El sábado 6 de septiembre de 2025 era un afortunado ser humano con un vuelo pagado a Santiago de Chile el día 13 de marzo y una reserva para un super telescopio el 17 de marzo de 2026. Tenía seis meses para estudiar lo que iba a querer ver y optimizar cómo aprovechar al máximo el tiempo en el ocular. Yo tengo el gen de mi abuela Felisa y me duermo a cualquier hora y en cualquier sitio, pero cuando estoy observando, la emoción me sube la sustancia química que corresponda y nunca estoy cansado para irme a dormir. Me tendrían que despegar del ocular con espátula.
En 2026 se cumplen 25 años desde que nos casamos Cris y yo, y no teníamos ninguna duda de que haríamos un viaje para celebrarlo. Generalmente, llevamos a nuestros hijos a los viajes, siempre y cuando no les coincida con cualquier actividad propia, la cual anteponen. En esta ocasión, tanto las fechas como el coste, nos hicieron replantearnos la manera de proceder y hemos ido solos sin ofrecerles a ellos la opción. Una decisión de la que, en el fondo, nos arrepentimos.
Después de la alegría y la euforia inicial llegan los pensamientos catastróficos, ¿y si no está despejado? ¿Y si ese día estoy muy resfriado? ¿Y si …? El tema tiene cierto riesgo, jugárselo todo a una noche. Me llegó al alma cuando leí que Nacho había ido con anterioridad a Atacama y había estado nublado.
Como esta reserva me exigía ponerme a estudiar y hacer la lista que necesitaba, empecé a releer la crónica de Nacho y aquello me recondujo casi antes de empezar la relectura a las crónicas de Ángel por Chile. Leer esas tres crónicas fue como ponerse a ver una serie de esas en las que no puedes parar y te las terminas sin apenas comer y dormir. Además, yo no leo y ya está, mi falta de conocimientos me hace estar con google maps, con la wikipedia y con el resto de las herramientas que tengo a mi alcance. Yo no tenía ni idea de donde estaba La Serena, Antofagasta, cerro Paranal, las Campanas, etc. Yo no había oído hablar de ello en mi vida, así que tuve que emplearme a fondo el par de días que me costó la lectura compulsiva.
Las tres crónicas de Chile de Ángel Huelmo me alucinaron, el zurulloscopio, el Chilescopio I y II, el Victorscopio I y II. Claro, al lado de unos tíos que se llevan en el avión a Chile telescopios de 40 y 60cm, FABRICADOS POR ELLOS MISMOS, cualquiera es astro-dominguero. Pero es que, en mi caso, creo que soy astro-dominguero de verdad, objetos que no he visto, entendimiento de la materia y el universo que me falta, así que, para paliar la falta de instrumental óptico propio en Chile, compré unos prismáticos, que astronómicamente hablando han resultado ser un éxito.
Durante bastante tiempo, la ubicación por defecto de Stellarium en mi ordenador ha sido San Pedro de Atacama. Siguieron llegando crónicas desde Chile, del viaje que hicieron tres compañeros del grupo de “Astronomía Visual” en septiembre de 2025.  Su lectura me condujo a fabricar mi propio Cedar durante las navidades, el cual finalmente no fue necesario. Es un cacharro que se utiliza como buscador de objetos astronómicos electrónico con una cámara que resuelve el campo de estrellas con mucha precisión.
Las semanas de 2026 anteriores al viaje continuaron los preparativos de manera más intensa, traslados desde y hacia los aeropuertos, reserva de las excursiones programadas, preparar baterías para la cámara de fotos, comprar un objetivo de campo amplio y baja relación focal, preparar listas de música, libros para leer (ni las escuché ni los leí), etc. Una de las decisiones más controvertida de esas semanas fue decidir si visitaríamos el cajón del Maypo o Valparaíso el domingo 15 de marzo, el cumpleaños de Rubén. La batalla la terminó ganando Valparaíso por los comentarios que habíamos oído a nuestra amiga Vanesa sobre esa excursión. Durante ese tiempo preparé un documento con la lista de objetos que quería observar y las expectativas astronómicas, que en un principio pensé que le podía servir a Cris para que todo lo del telescopio no le pillara de sopetón. Por supuesto, no se lo leyó, pero me sirvió a mí para empaparme de lo que se podía esperar.
Escucho música desde bien joven, aunque actualmente voy a rachas. Hay temporadas en las que no abro Spotify y otras en las que me ciclo con las mismas canciones. Cris y yo compartimos cuenta de Spotify y tenemos la costumbre de hacer una lista cada año de tal forma que las canciones que se agregan en enero, las escuchamos más veces que otras que añadidas en noviembre. Como en diciembre de 2025 murió Robe Iniesta, la lista 2026 está repleta de versiones de Extremoduro. Allá donde vamos Cris y yo, si una canción nos gusta, la identificamos con Shazam y la ponemos en la lista.
EL día 13 de marzo, nuestro vuelo de Iberia a Santiago de Chile salía a las 23:55h. Yo me lo cogí de vacaciones, pero Cris trabajó. Estuve trasteando, haciendo la declaración jurada de no pasar alimentos a Chile, poniendo pasaportes y documentación en una carpeta web por si lo necesitábamos, mirando el tema de la e-sim y metiendo las últimas cosas en la maleta. Cuando Cris llegó creo que ambos éramos un manojo de nervios, nos fuimos a dar un paseo e hicimos tiempo hasta que Rubén nos llevó a la Terminal 4 de Barajas. Había bastante cola en los mostradores de facturación, pero habíamos ido al aeropuerto con mucho tiempo. Pasamos el control de seguridad, cogimos el tren hasta la terminal satélite y llegamos a la zona de embarque. Parecía mentira que después de tanta preparación por fin estuviéramos allí.

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