Bufot, la intuición no va muy desencaminada, pero el mecanismo principal no es el contraste térmico sino la
electrificación por fricción.
Dentro de la columna eruptiva se produce un caos de colisiones a altísima velocidad entre partículas muy distintas: fragmentos de roca pulverizada, cristales de sílice, hielo del glaciar y gotitas de agua. Cuando materiales de diferente tamaño, composición y temperatura chocan entre sí, transfieren cargas eléctricas: las partículas pequeñas tienden a cargarse negativamente y las grandes positivamente. Es el mismo principio que la electricidad estática, pero a escala brutal.
A medida que la columna asciende, esa separación de cargas se amplifica. Cuando la diferencia de potencial entre zonas de la nube —o entre la nube y el suelo— es suficientemente grande, se produce la descarga: el rayo volcánico.
En el caso del Eyjafjallajökull el efecto fue especialmente vistoso porque la erupción atravesó el glaciar que cubría el volcán: la interacción entre la lava y el hielo generó enormes cantidades de vapor y fragmentos de hielo que intensificaron la electrificación.
El Sakurajima, en Japón, es probablemente el volcán donde los rayos volcánicos se fotografían con más frecuencia, por su altísima actividad eruptiva.